Del barro nacen las alegrías, el amor y la carne que se pega a mis huesos para caminar vivo. Del barro surge el aliento que, algunos (más bien, muchísimos) llaman, divino. También del barro se desprenden los motivos que invitan a levantarse del piso para empezar a levitar con suspiros y esperanzas. Soy una pieza modelada de arcilla y agua. Echada al mundo a experimentar la vida. Y sólo andando en ella conozco de sus colores y perfumes. Me entero de las cualidades humanas, de sus vicios y de sus escándalos. Me baño con texturas de aire que dejan sobre mi cuerpo un polvo atomizado que se acumula formando células nuevas. Ante esto observo saldos y novedades. Soy otro siendo el mismo. La diferencia está en mi origen de barro. El polvo del camino y la ceniza que dejan los días andados, la tierra que se pega a mis zapatos descalzos, las piedras que se agregan al sendero, los terrones que piso, el lodo y el fango seco donde me hundo, todo me recuerda de donde vengo: mi principio y, al mismo tiempo, todo me recuerda mi destino: el polvo definitivo en la llanura universal. Pero mientras, mi necedad es grande y pierdo las horas del día en un diluir preciso donde asombrado me entero nuevamente que, en la humildad de la galaxia, todo nace del barro.sábado, 18 de julio de 2009
El polvo definitivo
Del barro nacen las alegrías, el amor y la carne que se pega a mis huesos para caminar vivo. Del barro surge el aliento que, algunos (más bien, muchísimos) llaman, divino. También del barro se desprenden los motivos que invitan a levantarse del piso para empezar a levitar con suspiros y esperanzas. Soy una pieza modelada de arcilla y agua. Echada al mundo a experimentar la vida. Y sólo andando en ella conozco de sus colores y perfumes. Me entero de las cualidades humanas, de sus vicios y de sus escándalos. Me baño con texturas de aire que dejan sobre mi cuerpo un polvo atomizado que se acumula formando células nuevas. Ante esto observo saldos y novedades. Soy otro siendo el mismo. La diferencia está en mi origen de barro. El polvo del camino y la ceniza que dejan los días andados, la tierra que se pega a mis zapatos descalzos, las piedras que se agregan al sendero, los terrones que piso, el lodo y el fango seco donde me hundo, todo me recuerda de donde vengo: mi principio y, al mismo tiempo, todo me recuerda mi destino: el polvo definitivo en la llanura universal. Pero mientras, mi necedad es grande y pierdo las horas del día en un diluir preciso donde asombrado me entero nuevamente que, en la humildad de la galaxia, todo nace del barro.
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