
Los sentidos de la existencia se ven tolerados mediante el olvido. Los trámites que el hombre hace para llegar a encontrar una justificación existencial son muchos y muy diversos. Cada persona busca un destino; acicala un sueño y desea lo inalcanzable. Cada camino recorrido, mar abierto inexplorado, y cada huella dejada en un cielo de posibilidades le da al hombre su propio sentido de búsqueda. Nadie puede ponerse la piel del otro ni quitarse la propia para ser lo que quiere. Nadie tiene boletos comprados de perpetuidad. Todos somos de ceniza, de polvo que respiramos, de fragmentos moleculares de piedras milenarias. Somos un trozo de tierra apretujada por el tiempo. ¿O qué, somos algo más?
