domingo, 25 de enero de 2015

También llovió

He visto la lluvia en las banquetas, derramada como el germen de la vida, abandonada como un recién nacido en un canasto, inventada como una explicación sucinta de un tratado de nostalgia. He visto el cambio de piel que deja la inmortalidad al convertirse en algo menos mortal. También he visto una mirada triste en la propia imagen de mis ojos, enmarcando olvidos y esperanzas, o convirtiendo lo permanente en pasajero. ¿Qué has visto desde el patio de las vecindades donde tu infancia alquiló la dificultad de desprenderse del pasado? ¿Que te ha quedado como fragancia del tiempo después de haber visto a la vida deslizarse con medias negras y liguero sobre las calles del barrio? He visto caer la lluvia desde mi ventana y al instante he notado la ligereza de las cosas levantarse de la tierra como si fueran seres con alma de barro. He visto que existe un sólo momento donde los hechos concurren bajo la piel de quien las vive. Y he supuesto que cada uno de los vivos imagina ser tan especial que apuesta a que romperá la cadena de los que al morir se les olvida la vida. Anoche pensé mientras leía y me dí cuenta de que la lectura y la lluvia sólo eran la autopista donde se deslizaron mis pensamientos. Y pensé que el mundo era gris, y grises eran las cosas bajo las sombras que el tiempo deja al andar. Y supuse que lo gris es un emblema interior que cubre los recovecos y las esquinas de la realidad cada vez que llueve. Y entendí que nada es igual a la lluvia, porque sólo cuando llueve uno piensa y supone que el gris es el tono más sensible de la nostalgia ante una eternidad negada.

lunes, 12 de enero de 2015

La perra vida

Salgo en bicicleta a abrir la tarde a pedalazos y me encuentro la sensación que me muerde las entrañas cada vez que veo un pobre canino atropellado en la calle. Esta vez es un perro avejentado por las malas roñas y por los tiempos asesinos. Un perro negro de poco cuerpo. Aparentemente un bulto de pelos donde la basura que el viento arrastra se engancha de forma pasajera. Me entristece el dolor de los animales y la mala muerte que les toca vivir. Me agobian los ásperos corazones de la gente que no respeta la esperanza que la vida tiene de sobrevivir en el movimiento de un perro. Desventurados los ingratos que asesinan sin piedad el vagabundeo de los animales callejeros. Hijos de su agria existencia los que se creen dioses siendo sicarios. Malnacidos aquellos que pisotean las flores que habitan el pavimento. Malditos los que matan por no entender la vida, los que creen que el canto del pájaro en la rama debe marchitarse, los que ignoran la maravilla de la existencia manifiesta en el cuerpo del escarabajo. ¿Has caído en la cuenta de que el caparazón más duro de la tortuga es más suave que el empedernido corazón del humano que asesina sin razón? La vida tiene sus fronteras y sus mapas. ¿Has sabido leer bien el porvenir cuando un perro se ha cruzado en tu camino? 

sábado, 10 de enero de 2015

Nostalgia sin cura

En casa tengo un pequeño sótano donde guardo cachivaches, cosas viejas y papeles. Es como un almacén del tiempo al que le va bien la acumulación de olvidos y de sombras.  El otro día, buscando una postal de hace años, encontré tesoros, llaves de bronce que me llevan a todo un sarcófago de recuerdos. Hallé testigos de lo que fui hace a penas 20 años. Encontré mis voces dormidas en libretas y en un abultado folder donde metía hojas escritas a máquina con tipografías que simulaban textos manuscritos. Encontré flacos versos y blancos huesos, argumentos de mis suposiciones y orígenes de mis creencias, dibujos atrevidos y muchos bocetos de historietas inconclusas. Encontré los cuentos que le escribí a nadie y muchos indicios de que todo lo que escribí lo hice en temporada de lluvias. Me di cuenta, releyéndome como si fuera otro, que más de la mitad de mi vida he padecido una nostalgia incurable, nostalgia por los asuntos del infinito y de la eternidad. Y entendí, al momento de ver las cenizas que quedaron de las letras que escribí, que sigo estando en el mismo lugar de cuando apareció la primera conciencia de lo que soy. He leído más libros reconociendo en ellos mis ideas en otros, he escrito con certeza lo que no he encontrado en lo leído y he imaginado encontrarme con pensamientos que me parezcan inauditos. He andado mucho, pero no he ido a ningún otro lugar que rebase las fronteras de mi entendimiento. ¿Te has percatado de que volar alto no siempre te lleva a lugares distintos del suelo? Limpia tus palimpsestos de lo que dicen actualmente y descubre en lo que fuiste lo que habías escrito hace años en tu alma. ¿En realidad el viaje a través de los años te ha dejado abultadas cicatrices con vidrios dentro?

martes, 6 de enero de 2015

Cuestión de tiempo

Administrar el tiempo no es cosa de eternos. Las vueltas que da el calendario sirven para saber lo que hemos sido en épocas pasadas. Reviso mis cuadernos de hace años y sólo están llenos de cosas que hice, fui o pensé. En realidad no veo en ellos al tiempo mismo. ¿Será porque el tiempo no existe? ¿Será que esos relojes de arena, de cuerda o de péndulo no miden el avance incesante de los segundos? El lenguaje inventa aventuras y supone conceptos creados sólo por palabras.

lunes, 5 de enero de 2015

Aeroplano de paja

Arrojo a las aguas mi navío de piedra. Pongo en alto las velas que darán energía a mi movimiento. Construyo un mapa con propias suposiciones y armado de un astrolabio y de mi ciencia de comprensión de las estrellas parto con ímpetu hacia mar abierto. Instalo en lo alto de mis sueños el aeroplano de paja que construí con saliva emergida de los labios de la vida. Coloco en alto un trozo de manta donde vive un cráneo blanqueado en la alegría, símbolo de mi condición de pirata constructor de libretas llenas de elegías. Tomo impulso desde la azotea más alta del vecindario y, evitando cables eléctricos y postes telefónicos, me lanzo al abismo urbano en busca de seguir soñando despierto. Sepulto mis fracasos bajo la tierna tierra del destino y como un topo construyo cavernas e intrincados túneles que retratan los pasajes intransitados de los laberintos de mi mente. ¿Has imaginado que los muertos son náufragos del tiempo viajando en un sarcófago que los conduce a un viaje a la transformación? Pero, ¿en qué se transforman mientras la profundidad de la tierra los devora hacia la obscuridad? Prefiero volar en mi aeroplano de paja naufragando entre nubes y eternos cielos inabarcables que quedarme de pie contemplando la gravidez de los dogmas.

viernes, 2 de enero de 2015

Nombre de mujer

¿Sabrás decir lo que sería del hombre sin la soledad?  Esos instantes desvinculado de todo menos de uno mismo son la oportunidad de pensar y de sentir el paso ya dado. La soledad es un espacio de intimidad donde te reconoces desde la punta del dedo grueso del pie hasta todas las demás puntas que emergen de tu cuerpo y que son fronteras de tu ser. La soledad es el entorno donde cada quien está en compañía de cada quien. Estar sólo es el rostro personal del propio encuentro con lo que uno es. Hay gente que teme a la soledad, le rehuye y se asusta cuando llega. Ante esto, prende el radio, la televisión, se conecta a las redes sociales o mensajea por el celular, no puede estar sola porque no ha aprendido a dialogar internamente. La soledad es tan buena para el hombre que hasta tiene nombre de mujer. Por ello se le ama y se le hace el amor con devoción. Se le escucha en silencio atendiendo lo que sugiere y aconseja sobre uno mismo. Luego se le despide con un beso profundo y se le invita a posarse en alguna habitación del corazón, ahí permanecerá como una estación del tiempo atenta a cualquier llamada. Sin soledad, el hombre terminaría devorado por la compañía de los otros. Con soledad, el hombre se nutre y alimenta al lado de los demás.

jueves, 1 de enero de 2015

Crónicas sin tiempo

Es el génesis. La vela que arde por primera vez en esta noche. Es el inicio que permite entender la apertura de una nota emitida por la sinfonía de un grillo nocturno. Primer movimiento del ajedrez avanzando la humildad del peón a E4. El descorche de un tinto en compañía de uno mismo. La pieza del rompecabezas inventando una imagen que todavía no existe. El sordo impacto de la gosua en la imponente cancha de 36 metros. Es un beso en el tejadillo del amor sugiriendo la primavera en el invierno. Es el principio de la palabra, la continuidad de los garabatos, el indecible deseo de no pararse aunque atrás queden momentos diluidos. Son las catedrales y sus ruidos ciegos de estuillas de cantera corroída,  son los reflejos de lo que sigo siendo, mi entercada insistencia en escribir letras de ceniza, palabras necias, crónicas sin tiempo. Es, simplemente, la vida que sigue cultivando la alegría de vivir sonriendo, a pesar de saber que el callejón  conduce al yermo páramo de la existencia. ¿Has tomado la bocanada de aire salvador después de meter la cabeza en agua fría por décadas? ¿Has sentido la asfixia en tus pulmones rogando por una burbuja de aire y luego, casi en el último momento, salir al mundo real a compartir la vida? Haz la prueba y sal al tiempo. Deja de esconderte en tus miedos. Aprende a beber la medicina que aturde y aniquila parcialmente, pero que rescata de viejos fantasmas.  Bebe de la savia de la vida y haz bocanadas de aire para correr lejos.